Comienza cerrando suavemente tus ojos…
Y permite que tu cuerpo encuentre un lugar de descanso, de entrega, de quietud…
Inhala muy lento… como si el aire fuera un regalo deseado.
Y exhala con alivio, como si soltaras el peso de muchas vidas.
Siente el ritmo de tu respiración calmándose…
Y permite que toda tu atención descienda… hacia el centro de tu pecho.
Desde ahí, suavemente, imagina que comienzan a crecer pequeñas raíces…
Raíces finas, sutiles, sensibles…que se abren paso hacia la tierra por tu cuerpo.
conectándose con las capas profundas de la Madre,
bebiendo de su fuerza, su misterio, su amor nutricio.
RESPIRA
Y ahora… desde ese mismo corazón,
comienzan a nacer pequeñas raíces más bien eléctricas…
como chispas suaves que se extienden hacia el cielo.
Van buscando el infinito, tocando las estrellas, el Sol, la Luna,
y toda la danza de los mundos sutiles.
Raíces abajo… chispas arriba… y tú, al centro.
Lleva ahora toda tu atención al centro exacto de tu pecho.
Allí… una Rosa Roja comienza a desplegarse.
Muy lentamente… Sus pétalos se abren, uno a uno,
como si cada aliento tuyo le diera vida.
Una Rosa viva, sensual, ancestral.
Y en su interior… allí, en el botón más profundo de la Rosa…
descansa un pequeño cuenco.
Este es un cuenco lleno de agua cristalina. Esa agua es vida.
Es alimento. Es memoria de lo sagrado. Es medicina.
Mira ese cuenco.
Contiene algo para ti...
Una imagen, un símbolo, un regalo del alma.
No necesitas entenderlo con la mente.
Solo recíbelo.
RESPIRA.
Siente ahora la gratitud de habitar un cuerpo de mujer.
De sentir.
De intuir.
De crear.
Agradece poder abrazar los misterios femeninos,
la ciclicidad, la fuerza de la ternura,
la sacralidad que habita en tu libertad,
en tu autonomía,
en tu independencia emocional, en tu poder interior.
Vuelve ahora al cuenco.
La Rosa, poco a poco, comienza a cerrarse.
A guardar su secreto, su regalo, su verdad.
Siente la respiración…
de nuevo lenta, deseada, calmada.
Siente tu cuerpo.
Siente tus raíces.
Siente tu luz.
Y cuando estés lista…
abre los ojos suavemente…
sabiendo que la Rosa Roja sigue viva en ti.
Con amor, Mayra
Y permite que tu cuerpo encuentre un lugar de descanso, de entrega, de quietud…
Inhala muy lento… como si el aire fuera un regalo deseado.
Y exhala con alivio, como si soltaras el peso de muchas vidas.
Siente el ritmo de tu respiración calmándose…
Y permite que toda tu atención descienda… hacia el centro de tu pecho.
Desde ahí, suavemente, imagina que comienzan a crecer pequeñas raíces…
Raíces finas, sutiles, sensibles…que se abren paso hacia la tierra por tu cuerpo.
conectándose con las capas profundas de la Madre,
bebiendo de su fuerza, su misterio, su amor nutricio.
RESPIRA
Y ahora… desde ese mismo corazón,
comienzan a nacer pequeñas raíces más bien eléctricas…
como chispas suaves que se extienden hacia el cielo.
Van buscando el infinito, tocando las estrellas, el Sol, la Luna,
y toda la danza de los mundos sutiles.
Raíces abajo… chispas arriba… y tú, al centro.
Lleva ahora toda tu atención al centro exacto de tu pecho.
Allí… una Rosa Roja comienza a desplegarse.
Muy lentamente… Sus pétalos se abren, uno a uno,
como si cada aliento tuyo le diera vida.
Una Rosa viva, sensual, ancestral.
Y en su interior… allí, en el botón más profundo de la Rosa…
descansa un pequeño cuenco.
Este es un cuenco lleno de agua cristalina. Esa agua es vida.
Es alimento. Es memoria de lo sagrado. Es medicina.
Mira ese cuenco.
Contiene algo para ti...
Una imagen, un símbolo, un regalo del alma.
No necesitas entenderlo con la mente.
Solo recíbelo.
RESPIRA.
Siente ahora la gratitud de habitar un cuerpo de mujer.
De sentir.
De intuir.
De crear.
Agradece poder abrazar los misterios femeninos,
la ciclicidad, la fuerza de la ternura,
la sacralidad que habita en tu libertad,
en tu autonomía,
en tu independencia emocional, en tu poder interior.
Vuelve ahora al cuenco.
La Rosa, poco a poco, comienza a cerrarse.
A guardar su secreto, su regalo, su verdad.
Siente la respiración…
de nuevo lenta, deseada, calmada.
Siente tu cuerpo.
Siente tus raíces.
Siente tu luz.
Y cuando estés lista…
abre los ojos suavemente…
sabiendo que la Rosa Roja sigue viva en ti.
Con amor, Mayra